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    DEPREDADOR

    Naciste (o creciste) depredador. Hueles tus presas y vas por ellas escudado en tu imagen e, irónicamente, en tu palabra. En tu seguridad. En tu habilidad para dar un paso y levantar admiración haciéndote eco de tus proezas. Actos humanos que elevas a la categoría de mito cada vez que conviertes la humildad en sólo nueve letras sin sentido. Quizá fue ayer. O hace una semana, un mes. Quizá querías o quizá se te ha ido de las manos. Pero lo hiciste. Escondido, encontraste una (otra) víctima que llevarte. Por las buenas como un galán. O quizá fueron mentiras. O copas, o drogas. No lo sé y ya sinceramente no…

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    El día más frío de la historia.

    Nos vimos a lo lejos. Supongo que ella a mí primero. Al otro lado de la calle, donde cruzar un semáforo parecía una agónica travesía en el desierto. Sin escapar de la ironía de que rondáramos los cero grados. Me acerqué para abrazarla y me eludió. Primer disparo. Nos dirigimos a algún lugar sentados donde estar tranquilos y poder charlar. Ahora entiendo que quizá tenía más sentido ayudarnos del frío entumeciendo nuestros huesos en vez de las palabras, o el viento dándonos un bofetón en la cara mejor que las miradas. Y por primera vez abrimos la boca no para chocar, sino para irnos. Dejamos que corrieran las palabras sobre…

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    Qué bueno dormirse.

    Qué bueno dormirse. Qué magia tiene guardada algo tan tonto como que suene el despertador y ahogarlo. Cinco, diez minutos más. Tres primaveras. Un polvo. Cuatro cafés. Y qué maravilla empezar un lunes, o un domingo, tacto con tacto. Calor humano, pecho y espalda, piel con piel. Tocarse con los ojos, y darse los buenos días con suspiros. En realidad no es sólo la fórmula ideal para empezar un día sino la vida. Una vida de dos, de hecho. Esas en que la otra persona cuenta tanto como tú. Ni más, ni menos. Esas relaciones que hoy extrañamente llaman “sanas”. Como si volverse loco por sus huesos o sus curvas…

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    Mejor no me quieras.

    Mejor no me quieras. Porque mírate. Sin necesidad de espejos ni reflejos. Tú sólo mírate bien y acepta, que si no encuentras motivos para quererte, tienes un problema. De los gordos. De los que no se pueden tapar con un parche. De los que llaman la atención, hasta ahora de todos, menos la tuya. Porque tienes algo que resolver en tu vida contigo primero. No puedes dar dos pasos rezando a algo que no conoces porque las cosas no saldrán bien. No entiendes que el motor donde arranca todo, está en ti. En tu cabeza. En tu corazón. Porque los otros corazones no son principio sino destino. De hecho la…

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    Te deseo FELIZ.

    Qué bonita la Navidad. Qué dulce se pone el frío. Hace unos cuantos años me apasionaban las primeras vacaciones del colegio, los regalos. La cabalgata de reyes, los caramelos. Más tarde vendría la ilusión por las comidas y cenas en familia, vernos todos juntos. Ya sabes, las obligaciones (y a menudo la pereza) te suelen alejar más de lo que quisieras. Y con las primeras copas, más tarde acaba llegando la ambición por empezar el año con buen pie, la gran fiesta en la que sales con todos los colegas. Vestido con el mejor de tus trajes, la mayor de tus sonrisas y los más bonitos de los deseos. Desinteresados,…

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    Qué bien…

    Qué bien estaba hace 24 horas. Qué pequeña se me hacía la cama. De repente después de meses pareciendo el Titanic, se convertía en un tablón en medio del mar. Agua por todos lados. O no. Y tú, tormenta. Empapando todo, y yo dejándome empapar. Consciente del catarro tan rico que estaba por venir. Resfriados que saben a cielo cuando recuerdas qué es lo que te ha puesto realmente malo, sin entender muy bien porqué le llaman malo cuando en tu caso ha sido tan genial. Qué fácil fue encajar ese puzzle de dos piezas, cuando llevaba meses buscando en mil y un lugares, cuando perdía el tiempo buscando en…

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    Estaba ahí.

    Hay cosas que da igual cuándo las digas. Siempre van a valer. Un “lo siento” puede no estar siempre en su momento. Un “estaba ahí”, sí. Y estaba ahí. Jamás creí en el destino. Nunca. Ni en las casualidades. Soy muy de las personas que anteponen la voluntad por delante de los condicionales, aunque tengo debilidad también por justo lo contrario. Fan de las personas que sudan la gota gorda, las que trabajan duro. Las que se lo curran, también, cuando el deber va en el corazón. De las personas que saben perdonar aunque no lo digan y que calculan con exactitud los espacios. Para no darte por perdido sin…

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    #YaNoDuele

    No lo sabes pero te han dado el alta médica. Por fin. Algunos pensaban que no saldrías de ésta. Incluso tú tenías tus dudas. Pero estás saliendo al fin por la puerta. Con unos kilos de menos, un poco de ojeras, y el corazón renqueante, pero sano. Inspiras profundo para respirar ese aire post-operatorio y empezar a dejar que tus pulmones se contaminen más allá de un muro, de felicidad. Es el aroma a libertad. Pero te tocas la cicatriz y es genial… Ya no duele. Han sido días, semanas, meses. Y puedes dar gracias, porque hay gente que no se recupera jamás. Los hay que mueren o que quedan…

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    Perversión.

    Algún día te hablaré de perversión. Te hablaré de miradas sádicas entre desconocidos. De significados entre líneas menos violentos que entre sábanas. Y de sábanas que tienen mucho que callar acerca de gritos y gemidos. Te hablaré de la perversión disfrazada de miradas limpias en azules cristalinos. De pecas entre las que bailar con la yema de los dedos y de cómo la cara de una princesa puede volverse el retrato de una reina en un infierno vasto. De cómo cuatro paredes pueden convertirse en hectáreas sobre las que correr y correrse en maratones más allá de lo carnal. De vicio. Te hablaré de las cosas que no son lo…

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    Cuando Sofía te mira.

    Cuando Sofía te mira, te atraviesa. De la misma forma que lo hace un cuchillo con la mantequilla, o un “se acabó” cuando piensas que todo va bien. Aunque curiosamente su sonrisa lo transforma todo en ternura. Ese gesto entre mejillas y mirada que dirías que se va a dormir, cuando en realidad lo que parece ella es un sueño. De los que cierras fuerte los ojos para no despertar, todavía, durante cinco minutos más. O cinco vidas quizá. Curiosamente quiere ser (también), periodista. Supongo que le intriga contar al mundo la verdad. Es irónico en cierto modo, cuando la verdad más grande está en sus gestos. Su cara presenta…