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Me gusta cuando me pongo nervioso.

Me gusta cuando me pongo nervioso.

A toro pasado, pero me encanta. Es ahí, en ese preciso instante, cuando pierdo el control, que me encuentro. Que toco con los pies en el suelo, y a veces con la cara, de una forma innecesariamente brusca. Ese agradable momento en que sientes que todo lo que tenías bajo control, se va a la mierda. Que no depende de ti. Que eres variable, y no constante. Ese momento en que por más bien que lleves tu día a día, a Dios, o al destino, le importa una mierda.

Y me gusta a mí, animal humano obsesivo del control no violento, como debería gustarte a ti, que me lees. No tener todo como quieres cuando quieres puede suponer desgracia. Y es esa desgracia, la que te hace valorar los momentos de orden. Lo que le da un carácter aleatorio a tu realidad. Lo que la acerca curiosamente a la suerte, a un juego de azar.

Y cuando me dejo de poner nervioso, siempre acabo pensando que podía haber sido peor. Siempre puede haber sido peor. Pero no lo ha sido y vamos para arriba. Y la vida es un juego de azar, y aquí estamos.

Si las cosas pueden salir peor y no ha sido así, has ganado.

Eres una persona ganadora y estás viva.

No te hace falta mucho más para hacer historia.

Felicidades.

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