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También podrías correrte.

Si te digo la verdad, no me gustas desde que te ví. Sobre todo, porque creo que todavía no te he visto. Si te la digo, para empezar, no vas a creerme. Porque mi realidad supera a la ficción y cuando me hablan de adicción, me vienes la primera a la mente. Y hay que ser muy demente para engancharse a algo que no sabes ni la forma que tiene.

Si te digo la verdad, no miento, aunque no tiene mérito porque no sé hacerlo. Por muy romántico que suene sé que es igual de poco probable que te conozca mientras me siento en un banco empapándome de sol, que si me empapo el hígado de Jagger un viernes por la noche. Y aún así espero que pase. Cruzarme contigo en un semáforo, o en un ascensor. Que me mires y te mire y aquí paz, y después gloria. Y un poco de historia, que a la memoria siempre le va bien cuando la miman caramelos como tu llegada.

Y te cuento una verdad más, no sea que me equivoque y estés ya por ahí, escondida entre sombras y yo no te sepa ver. Por si nos cruzamos y te acercas necesitando abrigo y placer, que sepas que con un abrazo mío también podrías correrte.

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